lunes, 2 de marzo de 2015

NO TENGAS MALA IDEA

A través de la ventana contemplaba la nieve espesa y densa caer. Ya quedaba poco para que terminara el año. Dentro Quique y Laura  jugaban. 

Un hermoso árbol de Navidad decoraba el amplio salón. Estaba lleno de bolas de colores: azul , rojo, dorado, plateado e incluso algunas transparentes incoloras. Junto al árbol una chimenea encendida caldeaba la estancia y daba un ambiente cálido  y acogedor. Quique y Laura correteaban alrededor del árbol hasta que una de las bolas cayó al suelo, haciéndose mil añicos.

Por cierto, no me he presentado: soy Flupy, duende navideño y mi misión es hacer feliz a la gente y construir un mundo mejor. Hasta hace unos instantes vivía en una bola transparente que los niños han tirado al suelo. ¡Por fin libre!

Menos mal que no han advertido mi presencia, pues hubieran querido manipularme como un muñeco.

Arnulfo, nuestro vecino, no es un buen hombre. Siempre anda de pelea o maltratando a otros. Es muy egoísta con todo lo que eso supone. 

Como soy pequeñito, paso por debajo de la puerta de su casa y me cuelo dentro. Él está durmiendo. Con la intención de hacerle mejor persona, trepo hasta su cabeza, me cuelo por un oído y llego hasta su cerebro. Tiene dos mitades.  Es divertido, hay un montón de curvas y pliegues blanditos y me deslizo por ellas. Siento felicidad y me carcajeo en este medio nuevo para mí. De repente dejo de sentir este gozo y aparece el pánico pues veo un ser mucho más grande que yo, negro, con los ojos inyectados en sangre con unas enormes garras y unos colmillos descomunales, luego, aparece otro deforme y pegajoso gritando con una horrible voz grave y distorsionada. Después otro enorme y  gris, chorreando una especie de gelatina parduzca, asquerosa. Pero…Qué es esto? ¿dónde me he metido?

Claro. Caigo en la cuenta de que estos bichos nauseabundos son las feas y malvadas ideas de Arnulfo. Para que sean mejores, intento dialogar con ellas, hablándoles de lo bonito que es querernos y hacer buenas obras. Pero no me hacen ningún caso y salen corriendo.

 Lo peor de todo, es que al entrar, les he mostrado el camino al exterior y hacia allí salen todas corriendo, gritando, igual que yo grité: ¡ Por fin libre!

Arnulfo se siente vacío,  más tonto que de costumbre

Yo me siento fracasado en mi misión de hacer feliz a los demás.  Al salir fuera, los  pensamientos de Arnulfo, al ver la luz son mucho más peligrosos. Corren tras las personas y éstas huyen despavoridas. La ciudad se tiñe de miedo. Los edificios parecen más altos que nunca, impidiendo ver el sol. Todo  se vuelve temor ante tanta maldad.

Pero ocurre algo insólito: una idea se encuentra con otra y ante su ansia de matar, entra con ella en una bestial pelea, en la que al clavar sus enormes colmillos en la otra, la hace agonizar y finalmente morir.

Las demás al verlo, hacen lo mismo, se enfrentan unas contra otras, hasta que al final se matan todas. ¡Vaya! por fin una buena noticia. Así podremos vivir tranquilos. Ellas solas se han eliminado.

En cuanto a Arnulfo, he tenido que prestarle algunos de mis pensamientos, pues se había quedado hueco, sin ideas, como un pelelillo. Y claro está, aunque esté mal que yo lo diga, mi mente es bastante mejor que la suya.

Decido volver a casa con Quique, Laura, Ernesto y Lucía, sus papás y Ricki, el perrito. Los pequeños  se ponen muy contentos de verme y como ya se sabe que los niños juegan y se meten cosas en la nariz, así Quique hace lo propio conmigo. Y así trepo hasta su cerebro. ¡Guau! Todo un mundo de luz y color se presenta ante mis ojos. Un bello arcoiris, lucecitas de todas las tonalidades, estrellas vivas, luminosas…

Está claro que este muchacho tiene unas ideas maravillosas. Me parece que me voy a quedar aquí, jejeje.


Por Rosa Velasco

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